Irene, la que mucho dio y cómo, a «decir no», aprendió

Ayer ayudé en la tienda de mi mama y conocí a Irene. Me pidió “aceite bueno para negocio”. Me llamó la atención porque era una señora en silla de ruedas parecida a “mamá Coco” (aunque no tan mayor).
Me acerqué para entregarle el aceite pesado de 5 litros y vi que cargaba en la parte posterior de su silla muchas más compras. Me pregunté cómo haría para llevar todo eso ella sola.
Cuándo quiso pagarme me di cuenta de algo más. No podía mover una de sus manos y no solo eso, al verla bien me di cuenta que tenía una aparente parálisis corporal.
Le pregunté qué le había pasado. Me contó que hace 12 años le dio un derrame cerebral, que se salvó de milagro y desde allí trata de no preocuparse tanto.
-Antes yo corría por los demás. Si no había comida en la casa, yo la preparaba. Si la casa no estaba limpia, yo la limpiaba. Si no había nadie que cuidara a mis nietos, yo lo hacía. Mi horario de trabajo era hasta la 1pm, pero yo moría por mis alumnos y me quedaba a veces hasta las 5pm. Algunas mamitas sabían eso y me dejaban a sus niños como si fuera una guardería. Nunca les dije que no. Siempre veía por los demás. Y míreme ahora, nadie ve por mí. Por eso ahora sé que primero estoy yo, señorita. – Me contó con una sonrisa hermosa, una voz dulce y unos ojos que brillaban hermosamente.
Casi suelto unas lágrimas frente a ella.
“Le costaba decir no. Le costaba poner límites. Quizás cargaba muchas cosas. Quería “resolverle” la vida a los demás aunque no se lo pidan. Quería sentirse necesitada. Yo podría haber sido ella. Me parezco a ella en su pasado”. Pensé en silencio.
-Si algo te molestaba, ¿te tragabas la molestia?- le pregunté.
-Así es, señorita- me dijo y empezó a llorar.
“Sí, soy como ella del pasado”. Pensé de nuevo en silencio acompañando su llanto.
“Quizás guardaba resentimiento como yo, y esperaba que, así como ella ayudaba a los demás, los demás adivinen lo que ella quería y necesitaba”. Pensé de nuevo.
-Preciosa eres increíble. Te felicito por el negocio que vas a poner- le dije.
-No es mio. Es para mi nieta. Yo le regalaré las cosas que va a necesitar y ya no haré más. Esa es mi ayuda. Lo demás escapa de mí.- Me dijo sonriendo y con el residuo de las lágrimas aún en sus ojos.
“Lo demás escapa de mí”.
Me despedí de ella disculpándome por hacerla llorar.
-No te preocupes, me siento bien, Me hizo bien llorar- me dijo.
Pensé que allí terminaría todo, pero me di cuenta de una cosa más:
Irene, por su situación actual, se ve forzada a pedir ayuda a desconocidos para que la vayan “empujando en su ruta” porque ella no puede hacerlo sola.
La empujé hasta dónde pude. Yo quería llevarla hasta la salida del mercado, aún a costa de dejar la tienda de mi mamá sola, pero en el fondo percibí que en realidad quería sentirme necesitada por ella. Como una especie de  «salvadora».
“Yo haré hasta dónde pueda. Lo demás escapa de mí.
Ella ha vivido 12 años sin mi ayuda, ella puede hacerlo”.
Me repetí en silencio para convencerme de mi decisión.
Y así, esta es la historia de cuándo conocí a Irene.
Querer ayudar en exceso a los demás a veces no nace de un deseo de generosidad, sino que puede esconder un deseo poco sano de ser necesitada (y querida por los demás), aún a costa de una misma.
Si te has sentido identificada, estoy preparando un taller dónde aprendas herramientas para comunicar y darte lo que necesitas. Dónde aprendas a poner límites (incluso a ti misma). Dónde aprendas a decir no, dónde aprendas a pedir ayuda. Quizás el taller que le habría servido a Irene. Si te ha gustado apuntate a mi newsletter, aquí abajo, es gratis y  allí 1 vez a la semana comparto aprendizajes a veces en modo de historias otras en pequeñas frases, siemrpe interesantes. Allí también informo de los cursos que ofrezco para ayudarte a que cuándo hables te escuchen.

Quieres que te pasen cosas buenas, empieza por esto

Desde que empecé en mi camino de desarrollo personal y conocí del minimalismo, me deshice de muchas cosas (solo acumulaban polvo). He de confesar que lo primero que bote fueron los materiales de cursos que me hicieron sufrir en la universidad (risas).
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“Deshacerme” de materiales de mi carrera profesional se sintió liberador, pues para mi, en un punto de mi vida, mi carrera  llego a ser la única forma de validación personal.
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No obstante, cosas como este libro me han costado mucho…y al fin hoy después de un año he podido decirle adiós.
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Termodinámica general era(es) uno de los cursos más difíciles de aprobar en mi carrera. Y yo sorprendentemente no sufrí para aprobarlo (tenía un gran profesor) por eso era una de mis motivos de orgullo (otros cursos de Ingeniería, me hicieron sufrir la vida), así que atesoraba este librito.
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Pero, aunque lo aprobé y entendía, ahora ya casi ni recuerdo los conceptos. Así que no había forma que lo siga manteniendo conmigo.
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Adiós termo, muchas gracias por darme motivos de alegría y sensación de sentirme capaz 😌.
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Hacer cosas como esta, no es solo liberador y terapéutico sino que puede simbolizar el inicio de un nueva etapa en tu vida.  Te cuento, en mi carrera teníamos un curso completo que hablaba de la importancia del orden y de tener en lo posible todas nuestras herramientas a la mano y a la vista y de evitar generar residuos y basura.
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Entonces, muchas veces cosas que ya no son importantes para nosotras ahora pueden tapar a las que si son más importantes e incluso, aún peor, ocupar el espacio de nuevas cosas mejores.
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Recuerda empieza por…¡Dejar ir y hacer espacio para lo que es importante ahora para ti !✨
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Aplica para objetos, hábitos poco saludables, relaciones poco saludables.
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Empieza por allí.

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etc.

Cómo tener más seguridad y confianza en una misma

Hace un tiempo estuve apuntada en un programa de emprendedoras. En una ocasión tuvimos una sesión dónde teníamos que hablar de nuestros talentos y casi todas comentaron lo difícil que se les hacía reconocerlos.
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De entre todos los comentarios, me llamó la atención lo que dijo una chica. Ella comentó que aprovechó la cuarentena para hacer lives en Instagram para su marca, cosa que antes ni se atrevía y menos veía capaz de hacer.
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Le había salido tan bien, que a los días de su primer live, sus conocidas la felicitaron y le comentaron que no sabían que ahora era todo una “influencer”.
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“Creo que deberíamos desarrollar el talento de creer en nosotras”.
Nos dijo a todas muy emocionada.
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Me gustó tanto esto de «desarrollar el talento de creer una mísma» aunque yo le cambiaría talento por «habilidad de creer en una misma», pues habilidad es algo que podemos adquirir, no necesariamente nacer con eso. 🙂
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Al mismo tiempo pensé en que yo debo haber desarrollado la habilidad de no creer en mí. No sé cuántas veces he pensado en que no sé lo suficiente de algo. Que no puedo enseñar porque no soy una experta. Que aún debo aprender más y más. O lo que es peor, las cientos de veces que me he comparado con emprendedores que están logrando grandes cosas (sean o no de mi sector).
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En fin.
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Creo que creer en una misma, tener confianza en una misma, no es algo que se consiga de la noche a la mañana. No es como ir a la farmacia y pedir «Deme 250mg de creer en mi misma, por favor». No, no hay una pastilla o remedio (al menos aún).
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Entonces ¿qué hacer?
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¿Recuerdas cuando te conté de cómo volverte experta en algo? Pues lo mismo con el talento de creer en ti. Se gana haciendo…haciendo cosas una y otra vez.
Haciendo cosas.
Una y otra vez.
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Las dudas estarán, pero tu avanzarás. 🙂
“El problema con el mundo es que la gente inteligente está llena de dudas, mientras que los ignorantes están llenos de confianza.” Charles Bukowski

Cómo ser la mejor en lo que hagas

Ayer, a punto de acabar mi día, no había hecho una tarea que me había prometido como hábito. «No tengo ganas. Mejor lo hago mañana con más ganas”, pensé.
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Pero casi al instante, a mi mente vinieron palabras que la gran mayoría de personas, que han hecho grandes cosas en diferentes campos, repite mucho. Y sobre todo recordé una entrevista a uno de los mejores escritores de la actualidad.
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-¿Cual es tu secreto para ser tan bueno?
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– Siempre me lo preguntan y es simple: hacerlo todos los días.
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Tengas ganas o no. Sea el lugar adecuado o no. Sea el momento ideal o no. Tú ponte a ello el tiempo que te has asignado y empieza. Lo termines o no lo termines.
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Y si me gusta y es mi pasión siempre voy a tener ganas ¿verdad? La experiencia me ha enseñado que es un mito que si algo te gusta, es tu pasión, tu propósito, tu misión, o cómo le llames, siempre vayas a querer hacerlo con muchas ganas.
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Lo he leído también de grandes empresario/as y emprendedora/es cuando hablan sobre hacer crecer su negocio. Simplemente hacen lo que tienen que hacer con o sin ganas.
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Una cosa más,  ¿sabes cuál es el truco que usan los que han llegado allá arriba?

Delegan.
Saben que uno no puede ser bueno en todo y que su tiempo vale más y que lo pueden dedicar a tareas en las que son mejores. Aquí hablamos de ello.
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Soy Tania Uchasara, escribo para tener una vida mejor. Únete a mi newsletter allí comparto más cosas así.

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Conocer esto vale 10 mil dólares

Tengo un amigo alemán, rubio, casi metro-noventa, que habla español e inglés, pero sobretodo es un gran emprendedor. Hace unas semanas este amigo compartió en video algo muy valioso que aprendió de su mentor en un evento por el que pagó más de 10 000 USD.

«Parece una tontería pero esa simple palabra pagaba todo el valor de la entrada al evento», nos dijo.

Tenía razón. Luego de escucharla tuve que pausar el vídeo, volver a escucharlo y anotar la palabra y toda la idea.
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“Todos tenemos una lista de cosas por hacer, la famosa to-do list, todo bien con ello. Pero hay algo mucho más importante, y es la «lista de cosas que NO vas a hacer».
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Cosas que te complican la vida, que te quitan mucho tiempo, que hacen que dejes de hacer cosas en las que SI eres muy bueno/a pero sobretodo que solo te desvían de tus objetivos y de tu camino.
«Uno no puede ser bueno en todo. Siempre hay gente que lo hará más rápido y mejor que tú.», agregó.
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