Cómo mi impaciencia hizo que mis padres tengan un juicio por estafa (parte I)

«No pretendas correr cuando todavía no puedes ni gatear» – Juan de Dios Uchasara

 

 

¡Aprender Inglés nunca fue tán fácil como ahora! Conoce el método revolucionario para aprenderlo

¡Sí, claro! y yo hoy compartiré el método revolucionario que usé para caer en la estafa de unos supuestos cursos de Inglés (ver pág. 6/7). Voy a compartir uno de los episodios más tristes de mi vida y que más verguenza me ha dado hasta ahora. Sólo lo saben 5 personas. Cómo mi insistencia para conseguir algo rápido, fácil y cuya oferta era «solo por hoy», hizo que mis padres tengan que pasar por un juicio, que yo entrara en depresión  y que casi «perdieran su casa».

Con mi historia espero:

  • Ayudarte/me a entender la importancia de la paciencia y tener en cuenta la opinión de personas que están a un paso delante del tuyo.
  • Ayudarte a no caer en la publicidad engañosa y que analizes las cosas.
  • Quitarme ese cierto miedo y rechazo que le tenía a la publicidad (cuando se ofrece gratificación inmediata), a la persuasión y al copywriting. Si un producto es bueno, no hay nada de malo en usar la persuasión.
  • Para ustedes amig@s entiendan por qué en ocasiones soy tan desconfiada.

¡Allá vamos! 😀

Hasta inicios del 2005 «detestaba» el Inglés. Se me hacía muy difícil aprenderlo. No lo entendía para nada. Tenía 15 años y me decía a mí misma que si alguna vez lo necesitaría «contrataría una traductor para mi sola». Un día la mamá de una amiga nos insitió para matricularnos en un conocido instituto de enseñanza de Inglés. La profesora que me tocó en básico 1 (un mes) fue la mejor del mundo. Aún puedo recordar su rostro. De pronto, me di cuenta que no era difícil aprenderlo. Era un tema de método y práctica. Sin embargo, la flojera pudo más.

Me daba flojera tener que almorzar en el colegio y no cambiarme para llegar a tiempo a las clases de inglés. Además, que al terminar tenga que sufrir con el tráfico de Lima. Solo estuve 1 mes. Aún me faltaba 1 año para acabar el colegio, y pensaba que tendría muuuucho tiempo para retomarlo. El siguiente año me empecé a preocupar. La universidad a la que postularía me tomaba una prueba de inglés que sumaba puntos a la nota del examen de admisión. Aprender inglés me tomaría 3 años en ese instituto. ¿Qué podía hacer?

Domingo 26 Marzo 2006

Mi papá llegó trayendo el diario más «importante y serio» del país. Tenía un valor especial para mi, pues no siempre podíamos comprarlo. Solía repasar cada página con los ojos brillosos y adoraba tocar las hojas. Papá pensaba que yo leía la sección de política y economía, pero en verdad las pasaba rápido (:P). Yo quería llegar a mi adorada sección cultural. Sin embargo esta vez fue distinto. Me detuve antes porque esta «noticia» llamó mi atención:

No sé si por mi inmadurez y/o desconocimiento, no me di cuenta que en realidad era un anuncio publicitario. Yo pensaba que era una noticia. No sabía que había otras formas asolapadas de publicitarte. En fin, lo leí y caí redondita. Al leer que  ese «instituto» tenía 16 años de experiencia y estaba en muchos países extranjeros, supuese que debían ser buenos. Dentro mío creía que debían haber formas distintas y novedosas de aprender más rápido. Además, salía en mi amado periódico. Cómo mencionaban una oferta que acababa ese día, llamé. Me dijeron que por teléfono no se podía explicar y que debían ir a mi casa. Yo acepté. (sí, to da una pobre #ilusa)

Más tarde, llegó una señorita que me mostró todos los beneficios que tendría y por qué debería inscribirme. Me dijo que las clases iban a ser distintas, grupos reducidos, horarios súper flexibles, que habrían talleres (por ejemplo uno de canto en inglés, ¿se imaginan?). Que todo sería lúdico y divertido. Me aseguró que en poquísimos meses estaría hablando Inglés con su método revolucionario. Papá no estaba, así que estuve solo con mi mamá. Todo costaba más 3,000 USD, pero solo por el día de hoy tenían un descuento especial y sólo me costaría 1676USD (hablamos del 2006, ahora esa cantidad equivadría a 2000 USD). De los cuáles solo debíamos abonar ese día 129 USD, y luego unos pagos mensuales.

Era mucho dinero, pero la señorita insistía en comparar lo que me ahorraría en tiempo y dinero. Que aceptemos porque hoy se acababa la promoción. Que lo hiciera para que yo tenga un futuro mejor, etc. Nos mostró muchos testimonios de personas que habían tomado el curso. Yo estaba muy ilusionada con la efectividad de ese nuevo método y era solo por hoy. ¿Qué hacer? Mi mamá no quería. Intentó convencerme que esperara. El precio era mucho, pero yo para rematar hice mi pataleta y la convencí. Incluso corrí en búsqueda de una media vieja dónde guardaba todos mis ahorros.

Es allí cuando la señorita menciona un documento que mi mamá debía firmar.

Resulto ser un contrato…

Yo tontamente no sabía la importancia de un contrato. Confiaba a ciegas. Mi mamá le contaba que ella quería lo mejor para mí. Ella no había podido ir al colegio que no sabía leer ni escribir bien y que yo era su esperanza. Quería que yo reciba una buena educación. Que se esforzaría mes a mes para pagar. En fin, la señorita dijo que no nos preocupáramos que ella nos explicaría cada una de las líneas de ese documento.

Yo confiaba, nunca se me ocurrió pensar que un diario serio aceptara la publicidad de una empresa que engañe a sus clientes o que tenga otros tipos de cuestionamientos o problemas con las justicia. Leyó rápidamente y cuando terminó, mi mamá firmó. Es allí cuando todo se fue a la ***… (sí, sí me merezco muchos #bitchslaps).

Lean la línea 14, ellos eran realmente una comercializadora de libros. No eran un instituto como la señorita nos hizo creer. Yo no pagué por la metodología novedosa de las clases y talleres. Pagué por unos libros y CD’s. De esto me di cuenta semanas después.

Continua en la parte II.

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